Especial de Fin de Año 2025

Hay años que se explican fácil.
Otros, como este, se sienten más bien como una valija medio desordenada: cosas que sabés que necesitabas, cosas que se colaron sin querer, cosas que todavía no sabés si fue buena idea traer.

2025 fue, para muchos, un año de movimiento.
No solo de vuelos y trenes, también de decisiones internas: gente que se fue, gente que volvió, gente que se quedó pero pasó meses preguntándose si era momento de cambiar de país, de ciudad, de vida.

Más allá del mapa, hubo algo en común: la sensación de estar caminando sobre terreno nuevo, incluso en lugares donde conocías cada esquina.

No importa desde dónde estés leyendo esto —Italia, Argentina, otro punto del planeta—, probablemente este año te encontró más de una vez con la misma pregunta en la cabeza:

“¿Estoy donde quiero estar?, ¿Estoy donde debo estar?”

No siempre hubo respuesta clara.
A veces sí; a veces la respuesta fue un “todavía no” que dolió un poco; a veces fue un “no sé” que, con el tiempo, resultó más honesto que cualquier afirmación rotunda.

Entre tanto ruido, vale la pena frenar un segundo y mirar el año con más cariño que juicio.

Porque 2025 no fue solo lo que salió en fotos:
no fue solo el viaje que pudiste hacer, la ciudad a la que te animaste, el trámite que se destrabó.


También fue:

  • el día que defendiste tu lugar en una cola, en una oficina, en una charla,
  • las noches que dormiste mal pero igual te levantaste,
  • los “no” que dijiste para cuidar tu salud, tu tiempo, tu cabeza,
  • los vínculos nuevos que aparecieron cuando compartiste miedos y no solo logros.

Hubo despedidas que todavía duelen, distancias que se hicieron más largas de lo que imaginabas, silencios en llamadas que no supiste cómo llenar. Y, sin embargo, seguís acá. Con dudas, sí. Pero acá.

Por eso, este fin de año la invitación es sencilla y solemne a la vez.

No hace falta que escribas una lista infinita de objetivos.
No hace falta que tengas todo claro para el año que viene.
No hace falta que te vendas una versión perfecta de vos mismo para dentro de doce meses.

Alcanza con algo un poco más humilde, pero mucho más profundo:

  • reconocer lo que atravesaste,
  • agradecerte por sostener lo que importaba,
  • aceptar lo que se rompió, aunque todavía no sepas cómo se arregla,
  • guardar cerca a la gente que estuvo ahí, incluso cuando no sabían qué decirte.

Si este año cambiaste de país, de ciudad o de rumbo, brindá por el coraje.
Si no te moviste del todo, pero empezaste a ordenar ideas, papeles y ganas, brindá por esa preparación silenciosa.
Si 2025 fue un año de aguante más que de logros, brindá por haber resistido.

Lo espectacular es fácil de mostrar.
Lo verdaderamente valioso casi nunca entra en un post.

Que el próximo año nos encuentre un poco más suaves con nosotros mismos, un poco más claros con lo que queremos y un poco más acompañados —aunque estemos lejos— en este camino raro de armar vida entre mapas, leyes, idiomas y afectos repartidos.

El brindis es simple:

Por lo que fue.
Por lo que no pudo ser.
Por lo que, de alguna forma, todavía está en camino.

Nos seguimos leyendo del otro lado.

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